El rescate del Zapoteco
Hubo un tiempo en que el zapoteco fue una de las primeras lenguas escritas en Mesoamérica. Cuando miro hacia el pasado de nuestro país, especialmente la historia de nuestros antepasados indígenas, me llena de orgullo saber que aún estamos aquí, que seguimos resistiendo a pesar del incesante avance del tiempo.
Primero, nuestros ancestros enfrentaron una lucha interminable contra los aztecas y los mixtecos. Luego, con la llegada de los españoles, comenzó un proceso de alianzas, a veces forzadas, entre las culturas indígenas y los conquistadores. Los pueblos originarios, ingenuos ante un futuro incierto, abrigaban la esperanza de una vida mejor. Sin embargo, desconocían la avaricia y la ambición de los recién llegados a tierras americanas.
Considero de vital importancia rescatar nuestro idioma. Con el paso del tiempo, la globalización, la tecnología y la emigración han contribuido al desplazamiento lingüístico del zapoteco. Aunque el cambio es inevitable, la pérdida de nuestra lengua madre no tiene por qué serlo.
Sea cual sea la razón por la que no enseñamos zapoteco a nuestros hijos, lo cierto es que negarles su origen es un error irreparable. No debemos esperar a que nos lo reprochen en el futuro. Entiendo que no es fácil; yo mismo me frustro cuando intento comunicarme con mi hijo y no me entiende, o cuando trato de hablarle en zapoteco sin encontrar un tema de interés para él. En casa, soy el único que lo habla, y a menudo mezclo idiomas sin darme cuenta. Sin embargo, cada día me esfuerzo por recordar lo fundamental que es que mi hijo aprenda nuestra lengua.
Díganme, ¿hay algo en este mundo que no requiera sacrificio? Todo esfuerzo conlleva un precio, pero precisamente por eso es valioso. Si nos detenemos a reflexionar sobre la riqueza de nuestra cultura y la importancia de preservar nuestras raíces, comprenderemos el tesoro que tenemos en nuestras manos.
Tuve que salir de mi país para darme cuenta de la grandeza de mi cultura. Sentí vergüenza al descubrir que los extranjeros conocían más sobre mi historia, mi estado y mi país que yo mismo. Esa experiencia me llevó a una profunda reflexión y, desde entonces, comencé a estudiar y a leer más sobre mis raíces y mi gente.
Me pregunto qué pasará en cien años si no hay nadie que hable zapoteco. ¿Dónde podremos recuperarlo? A diferencia del español, que cuenta con millones de hablantes, nuestra lengua se habla solo en nuestra comunidad. Si permitimos que desaparezca, no habrá quien la transfiera a las futuras generaciones.
Por ello, hago un llamado urgente: actuemos antes de que sea demasiado tarde. Cualquier esfuerzo, por pequeño que parezca, es un paso hacia el cambio. No dejemos que nuestra lengua y nuestra identidad se extingan. La preservación del zapoteco está en nuestras manos.